
FELIZ NAVIDAD
Y
PROSPERO AÑO
NUEVO 2009
Dios creó el Cielo y Colo Colo las Estrellas
soy un diablo, que quiere ser bueno, así que los invito a un buen viaje, donde se escribirá de todo, pero sin pies ni cabeza.
Dios creó el Cielo y Colo Colo las Estrellas
Hay que Inscribirse y Votar
De un total cercano a los 10,5 millones de chilenos en condiciones de votar, casi 2,5 millones, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 29 años, no se han inscrito en los registros electorales. A estos debe sumarse otro millón de electores -inscritos- que habitualmente se abstiene. Desde otro punto de vista, ocho de cada diez chilenos, de entre 18 y 29 años, no vota.
En las elecciones de 1989, al año siguiente del plebiscito que impidió la prolongación de la dictadura militar, el 36% de quienes votaron, pertenecían al segmento que se ubica entre 18 y 29 años. En las elecciones del año 2001, ese porcentaje bajó al 14,6%; y, este año, al aproximarse los comicios municipales de octubre, será inferior al 9%. Parece claro, entonces, que el sistema democrático vigente en Chile está sufriendo un creciente deterioro que podría, en un futuro no muy lejano, invalidar los sistemas de representación ciudadana, dejándolos al arbitrio de grupos minoritarios con el evidente riesgo de que ellos gobiernen según sean los intereses de los sectores que los eligieron.
Hasta ahora, según diversos estudios, se identifican a lo menos tres grandes razones para explicar la conducta de los jóvenes. Una, su apatía frente a los mecanismos institucionales de participación; otra, el desencanto respecto al sistema democrático vigente; y, la tercera, una profunda decepción acerca de las llamadas “elites representativas”.
A estas tres motivaciones principales se agregan otras, como la falta de identidad ciudadana, un bajísimo conocimiento del sistema político y una progresiva falta de confianza en sus conciudadanos.
Sergio Toro Maureira, investigador de Cieplan, en su estudio La inscripción electoral de los jóvenes en Chile. Factores de incidencia y aproximaciones al debate, sostiene que “debido a que la elite y los tecnócratas son los que poseen la discrecionalidad de la política pública, los jóvenes tienden a aplicar mecanismos de protesta que van desde la exigencia de sus demandas en las calles, hasta la invalidación de los sistemas representativos mediante la abstención en los procesos electorales”. Y agrega: “(…) no se trata que la no participación de los jóvenes sea por un desapego a la democracia, sino que se trata de que ellos entienden el concepto de manera muy diferente a aquél percibido por las elites”.
Numerosas encuestas e investigaciones de campo sostienen un dato relevante: los jóvenes aprecian el sistema democrático, pero rechazan cada vez más a los actores a cargo de su gestión; es decir, a los políticos y las elites que les rodean.
Es cierto que a lo largo de la historia el voto juvenil ha sido siempre el más difícil de captar. También es cierto que con el paso de los años son cada vez menos los que votan, y aún menor es el número de los que se inscriben. Pero todo esto tiene una razón de ser importante, además de las ya indicadas: la falta de identificación. En Chile, hace ya algún tiempo se viene hablando de que los jóvenes no tienen interés por la política, que ya no participan en ella, y que ya no tienen esa motivación que caracterizaba a la juventud de algunas décadas atrás.
Efectivamente sólo un 29,9% de los jóvenes están inscritos en los registros electorales, cifra que disminuye entre los jóvenes de menor edad y aquellos de menores recursos. ¿Por qué tan bajo porcentaje? Según Jacqueline Wüllfrodt, estudiante de derecho y miembro de la juventud UDI, el problema radica en que “hoy los jóvenes no se sienten atraídos ni representados por las organizaciones de la política tradicional; les falta un líder, un representante con el que de verdad se identifiquen.”
En el pasado mensaje presidencial se planteó la intención de introducir la inscripción automática en los registros junto con el voto voluntario. Importante decisión si se piensa en la necesidad de incluir y acercar a los jóvenes a las políticas y decisiones del país. Pero aún así, la interrogante continúa en el ambiente. ¿Para qué votar? Para el abogado Fernando Nanjarí, el voto es importantísimo, pues “es un derecho, que puede o no ejercerse en virtud de la más básica libertad individual. Pero al votar, estamos diciendo que nuestra voz importa, que somos realmente ciudadanos y que nos interesa lo que pase a nuestro alrededor.“
Además, de acuerdo a la socióloga Antonia Andrades, “El voto da mayor sostenibilidad a nuestra democracia, que se encuentra en cierta forma amenazada cuando el porcentaje de no inscritos, no votantes o votos nulos y blancos, constituye una mayoría respecto a cualquiera de las facciones principales del punto de vista electoral.”
Jóvenes: ¿Realmente no están “ni ahí”?
Desde hace algunos años atrás, se ha adoptado la postura de decir que los jóvenes no votan porque “no están ni ahí con la política”. Sin embargo, somos testigos diariamente de las protestas y manifestaciones que realizan estudiantes por defender sus derechos y por luchar por lo que encuentran justo o correcto. Entonces, ¿está bien decir que no están “ni ahí”? Para Diego Rojas, estudiante de Medicina, es “un recurso demasiado facilista. Como los políticos no pueden, o no les interesa motivar realmente a los jóvenes, no hacen mayores esfuerzos y prefieren decir que a nosotros no nos interesa nada.” Fernanda Varela es estudiante de Periodismo y a sus 21 años, recién se inscribió hace algunos meses en los registros. “Lo hice porque hoy, con la nueva candidatura de Piñera sí siento que hay un político que me representa, alguien con ideas y discursos frescos. Antes no me motivaban los candidatos ni los discursos repetidos.”
Así como Fernanda, hoy los jóvenes esperan discursos atractivos, y aún más consecuentes y comprometidos, que aquellos que muestran los políticos tradicionales.
Hoy, nuestro país cuenta con un sistema de inscripción voluntaria y voto obligatorio, sometido a sanciones de castigo. Ello hace del sistema un mecanismo muy injusto, ya que castiga a quienes no votan una vez, pero no sanciona de ninguna manera a quien no lo hace durante toda la vida. Esto también es un fuerte motivo para explicar la poca presencia juvenil en los registros electorales. Sebastián Sepúlveda plantea que “no me interesa inscribirme si me van a estar molestando todo el rato para que vote. Encuentro injusto que quienes no se inscriben puedan vivir tranquilos mientras que los que sí lo hacen deben vivir una verdadera carga toda su vida.” Sin embargo, el tema de la inscripción juvenil va mucho más allá de ser una obligación.
El Tercer Estudio Internacional de Educación Cívica muestra que los jóvenes chilenos presentan un bajo nivel de conocimiento respecto de temas cívicos. Entonces, el problema es más que un tema social, es además, educacional.
De acuerdo a lo que comenta María Jesús Silva, estudiante de cuarto medio del colegio Internacional School, ”influye, además de la falta de información y del desconocimiento de la política, una sensación generalizada de que esos son temas en los cuales nosotros no tenemos mucho que decir ni mucho menos, posibilidades reales de intervenir”. Por lo mismo, no es del todo raro que los jóvenes no valoren el concepto de democracia. El 50% considera que esta es sólo una forma de gobierno, como cualquier otra, y el 51% cree que no es el mejor sistema de gobierno. Sin embargo, un 47% de los jóvenes dice participar en alguna organización.
Esto reafirma la idea de que los jóvenes sí están interesados en participar, pero su modo de entender la participación está lejos de la política tradicional. Hoy día los jóvenes se sienten motivados para participar en relación a temas y organizaciones diferentes de las políticas. De hecho, los jóvenes en Chile participan en actividades políticas no convencionales más que otras generaciones y también más que en otros países. Participan principalmente de actividades sociales, en organizaciones deportivas, de ayuda a la comunidad y trabajos voluntarios, pero en polítina no.
fuentes: Diario La Tercera y La Nación.
Llega al Congreso
En las elecciones parlamentarias de 1937, Salvador Allende resultó electo diputado por Valparaíso y Quillota. En septiembre de 1939 renunció a su escaño en la Cámara, cuando aceptó ser ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, del gobierno de Pedro Aguirre Cerda. Estuvo en el cargo dos años. De este año (1939) es su libro La Realidad Médico Social de Chile.
El 16 de septiembre de 1940 contrajo matrimonio con Hortensia Bussi, estudiante del Instituto Pedagógico. El matrimonio tuvo tres hijas: Beatriz, Isabel y Carmen Paz.
Senador y presidente del Senado
Allende regresó al Congreso como senador por los períodos comprendidos entre 1945 y 1949, y 1949 y 1953, por Valdivia, Llanquihue, Chiloé, Aisén y Magallanes. Más tarde, en el período de 1953 a 1961, fue senador por Tarapacá y Antofagasta.
Entre 1961 y 1969 fue senador por Valparaíso y Aconcagua, y en 1969 resultó nuevamente electo por Chiloé, Aisén y Magallanes; no concluyó este período, porque salió electo Presidente de la República en 1970.
Vicepresidente de la Cámara desde 1951 hasta 1955 y Presidente del Senado entre 1966 y 1969. Allende fue capaz de lograr su elección en distintas zonas del país. Eso se explica por sus condiciones innatas de líder y organizador. Esto se evidenció también al ser elegido presidente del Colegio Médico el año 1949, cargo que ocupó hasta 1963.
Divisiones y tendencias al interior del Partido Socialista
Las condiciones de líder de Allende se manifestaron tempranamente dentro del Partido Socialista. Sin embargo, por la propia naturaleza de la colectividad, con marcado caudillismo, su liderazgo estuvo relacionado con pugnas y divisiones internas.
En 1942 fue elegido secretario general del partido, pero al año siguiente, en el IX Congreso Ordinario de esa colectividad (enero de 1943), encabezó una de las dos tendencias internas. La otra la representaba Marmaduque Grove.
La primera, llamada corriente de recuperación, planteaba que el partido debía dejar de colaborar con el gobierno de Juan Antonio Ríos (1942-1946); la segunda estaba por continuar participando. Nuevamente, en 1952, Allende se enfrentó en otra pugna interna, esta vez con Raúl Ampuero, quien planteaba la línea del frente de trabajadores. Allende y sus partidarios propiciaban alianzas amplias. Cuando el sector de Ampuero decidió apoyar la candidatura de Carlos Ibáñez, el partido se dividió. Los grupos minoritarios quedaron con Allende y levantaron su candidatura a la presidencia por primera vez. Triunfó Ibáñez y Allende obtuvo un 5,44 por ciento de las preferencias.
El Frente Nacional del Pueblo
La izquierda chilena estaba constituida por los partidos Comunista y Socialista. El primero era el partido comunista más grande de América Latina, fuera del cubano, de una base social fundamentalmente obrera y con un importante número de intelectuales. El Socialista tenía una base política más heterogénea.
En 1955, después de un período de continuas rivalidades entre estas dos corrientes, se formó el Frente Nacional del Pueblo (Frenap), combinación política que buscaba integrar a toda la izquierda, incluyendo al Partido Radical. Allende fue elegido presidente de esta combinación.
Candidato a la presidencia en 1958 y en 1964
En 1956, esta combinación dio paso al Frente de Acción Popular (FRAP), nueva alianza que era más limitada respecto de sus integrantes, quedando fuera los radicales. En 1958, el FRAP presentó nuevamente la candidatura de Salvador Allende, alcanzando esta vez un 28,8 por ciento de la votación, un poco menos de tres puntos bajo el candidato triunfador, Jorge Alessandri. De no ser por los votos que restó el candidato Antonio Zamorano, el cura de Catapilco, Allende hubiese ganado.
En las siguientes elecciones presidenciales (1964), el FRAP presentó de nuevo a su candidato: Salvador Allende. En estas elecciones logró un 38,9 por ciento de las preferencias, siendo esta la vez que alcanzó su más alta votación. Triunfó Eduardo Frei Montalva porque la derecha para evitar el triunfo del candidato de la izquierda apoyó sin condiciones al candidato democratacristiano, quien obtuvo el 56,1 por ciento.
Finalmente, la presidencia de la República
La cuarta vez que Allende postuló a la presidencia de la República, fue respaldado por la Unidad Popular (UP), coalición política integrada por socialistas, comunistas, radicales, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), el Partido Democrático Nacional (Padena) e independientes agrupados en la Acción Popular Independiente (API), formada en 1969.
En una elección a tres bandas y en un clima de confrontación política, triunfó Allende el 4 de septiembre de 1970 con un 36,6 por ciento de los votos. El candidato de la derecha, Jorge Alessandri, alcanzó un 34,9 por ciento, y el representante de la Democracia Cristiana (DC), Radomiro Tomic, logró un 27,8 por ciento.
Debido a que ningún candidato alcanzó la mayoría absoluta, le correspondió al Congreso Pleno determinar quién sería el Presidente, entre las dos primeras mayorías relativas.
La interrogante sobre la sucesión presidencial
El triunfo de Allende planteó a las fuerzas opositoras dos alternativas: se respaldaba la simple mayoría como tradicionalmente se había hecho en Chile o se trataba de impedir, por cualquier medio, que el candidato marxista asumiera el gobierno.
Para la derecha, la opción consistía en que el Congreso Pleno, con sus votos más los de la Democracia Cristiana, eligiese a Alessandri, quien había alcanzado la segunda mayoría. Su teoría era que Alessandri renunciaría sin asumir y se convocaría a una nueva elección presidencial, en que se presentaría Frei, y vencería con los votos de ambos sectores.La DC no aceptó la fórmula, y en este partido se impuso la tesis de Tomic: reconocer el triunfo de Allende a cambio de un Estatuto de Garantías, el cual posteriormente resultó aprobado como reforma a la Constitución en 1971.
Schneider es asesinado
Para Allende, aceptar el Estatuto de Garantías no significaba transar en su programa de gobierno, ya que este planteaba avanzar dentro de los marcos institucionales existentes en el país.
Días antes de que el Congreso Pleno se reuniera para tomar su decisión, el 22 de octubre (1970) se produjo el atentado al comandante en jefe del Ejército, René Schneider, quien falleció dos días después.
Se ha señalado que lo que se buscaba era secuestrarlo para producir una situación de inestabilidad política e impedir de este modo la ratificación de Allende por el Congreso.
Asume el cargo de Presidente de la República
El 24 de octubre de 1970 el Congreso Pleno ratificó la victoria de Salvador Allende, por 153 votos a favor de este, 35 por Alessandri y siete en blanco. Era la primera vez en la historia del mundo occidental que un candidato marxista llegaba a través de las urnas a ser Presidente de la República.
Nacionalización de la Gran Minería
En diciembre de 1970, el gobierno estatizó las compañías nacionales del carbón, creando la Empresa Nacional del Carbón (Enacar).
El 11 de julio de 1971 el Congreso Nacional aprobó por unanimidad la nacionalización de la Gran Minería del cobre. Este día fue llamado por el gobierno Día de la Dignidad. De este modo, la explotación y comercialización de lo producido en Chuquicamata, Exótica, El Teniente, Andina y El Salvador, quedó en manos chilenas.
Dos meses después, el contralor de la República, Héctor Humeres, determinó que no debía pagarse indemnización, aplicándose un criterio de utilidades excesivas a las empresas estadounidenses que explotaban el mineral.
En la Asamblea General de las Naciones Unidas
En 1972, Allende asistió a la Asamblea de las Naciones Unidas, donde denunció la agresión internacional de que era víctima su país. Fue ovacionado de pie por varios minutos.
Su discurso señaló: “Vengo de Chile, un país pequeño pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida... La voluntad democrática de nuestro pueblo ha asumido el desafío de impulsar el proceso revolucionario dentro de los marcos del Estado de Derechos, altamente institucionalizado, que ha sido flexible a los cambios y que hoy está frente a la necesidad de ajustarse a la nueva realidad socioeconómica... Señores delegados: yo acuso ante la conciencia del mundo, a la ITT, de pretender provocar en mi patria una guerra civil. Esto es lo que nosotros calificamos de acción imperialista”.
Elecciones parlamentarias de 1973
En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, la Unidad Popular obtuvo un 45 por ciento de los votos, y aumentó su representación parlamentaria.
La oposición, que buscaba destituir al Presidente a través de una acusación constitucional, no logró la mayoría necesaria.
El Golpe
El 11 de septiembre de 1973 se produjo el golpe de Estado que destituyó al Presidente Salvador Allende. Cuando La Moneda estaba rodeada por los militares, el Primer Mandatario se dirigió al pueblo por última vez a través de Radio Magallanes. En uno de los pasajes de su discurso reflexionó: “Colocado en el tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo, y les digo que tengan la certeza de que la semilla que entregamos a la conciencia de miles de chilenos, no podrá ser cegada definitivamente.... Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas, por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!”.
Pasado el mediodía, el Presidente puso fin a sus días en el Palacio de Gobierno.
La presión del público, en particular del gremio de los camioneros, llevó al comité político del gabinete a buscar un paliativo a dicha situación, cuyas decisiones fueron anunciadas por la Presidenta Michelle Bachelet. Éstas consisten principalmente en inyectar mil millones de dólares al Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles (FEPC) -al que en enero pasado se le asignaron casi 200 millones de dólares, y que hoy tiene apenas 96 millones-, además de capitalizar a Enap con otros 250 millones. El aumento del FEPC permitirá disminuir el precio de las bencinas en unos 50 pesos por litro. Su funcionamiento implica fijar un piso y un techo al precio del petróleo. Si éste sube por sobre el techo de dicha banda, se siguen extrayendo recursos de ese fondo para devolver a Enap la diferencia que ha debido soportar al vender por debajo del valor de mercado. Y si el precio cae por debajo del piso, el precio a público no sigue bajando, y el excedente así recaudado se reintegra al FEPC. De ese modo, éste actúa como amortiguador de las inciertas fluctuaciones del mercado.
Sin embargo, casi todas ellas han sido al alza, de modo que el mecanismo más bien funciona como un subsidio creciente, y seguramente por eso es tan elevada la cuantía de la inyección de fondos -el doble de lo anticipado-, aunque esas magnitudes ya no producen sorpresa en el Chile de hoy. Además, las dificultades que para Enap puede significar operar con este mecanismo han llevado al Gobierno a precaverse de posibles problemas de caja que pudiere causar cualquier error, aumentando el capital de dicha compañía en la cifra mencionada.
El impuesto específico a los combustibles es una manera indirecta, pero razonable, de corregir las externalidades negativas -contaminación y congestión- que genera el uso de vehículos. Aunque tales externalidades son de distinta importancia y cuantía en las diferentes regiones del país, no es posible tener precios diferenciados por región. Por eso, si pese a lo anterior el Gobierno ha decidido paliar el impacto del alza de los combustibles, es preferible hacerlo por la vía de inyectar recursos al FEPC, pues así preserva la correcta estructura tributaria. No obstante, eso tiene el inconveniente de que un alza aún mayor de los precios del petróleo requeriría subsidios crecientes, en una escalada a la que sería difícil poner límite, pues el público presionaría para que continuase. En cambio, la disminución del impuesto específico tiene un límite, que es la cuantía de éste, traspasado el cual el Gobierno, en vez de dejar de recaudar un impuesto, debe hacer uso de recursos frescos para mantener el precio artificialmente bajo.
El ministro de Hacienda sostuvo que este nuevo aporte al FEPC es "un alivio importante al bolsillo de la gente" frente a la alta inflación, pues junto con el precio de los combustibles bajarán los costos del transporte. Y en comparación con una posible reducción de los impuestos específicos a los combustibles, estimó que éste es el "mejor instrumento" para llegar "a mayor cantidad de gente". Así, parecería que la autoridad asigna a esta medida también cierto propósito antiinflacionario, cuyo efectivo cumplimiento habrá de examinarse en su hora.
Una opción distinta sería paliar las dificultades del alto precio por medio de bonos compensatorios focalizados según criterios de nivel de ingresos, pues así se evitaría que el beneficio llegue a los sectores de mayores recursos. Aunque desde el punto de vista técnico eso es lo que se debería hacer, los gobiernos normalmente ceden a las presiones de los sectores mejor organizados, que nunca son aquellos de menores recursos.
Ricardo Lagos Escobar
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