
Transantiago reformó por completo la malla de recorridos de las antiguas micros amarillas diseñando un sistema basado en el uso de servicios alimentadores y troncales, en conjunto con el Metro de Santiago. Para ello, se desarrolló una enorme inversión en infraestructura y flota vehicular, y además se estableció el uso de una tarjeta inteligente con el fin de establecer un sistema tarifario integrado.
Y claro, un tremendo proyecto como este sin dudas que iba a provocar problemas, dado que revolucionaría por completo la forma de vivir y de trasladarse por la ciudad de miles de santiaguinos.
Sin duda que faltó más y mejor información para todos los usuarios. Pero esta existió, de hecho a mi casa me llegó todo un set explicativo, con mapa incluído. Para los que realmente se interesaron en el tema, uno podía aprender cual era el recorrido que tenía que hacer.
Estaba de vacaciones cuando se lanzó oficialmente el Transantiago, y por las imágenes que uno vió, debo reconocer que fue un caos, sobretodo la primera semana, más que nada porque fallaron casi todos los actores importantes: operadores externos que manejaban la tarjeta de pago, las empresas de buses, la falta de información, y también del público, dado que muchos no tenían idea de cómo debían trasladarse a sus trabajos o estudios.
Pero todo tiende a normalizarse. Las aglomeraciones que se producen por falta de buses se está solucionando a medida que se detectan las fallas. La tarjeta bip por fin está funcionando y la gente poca estudiosa del tema se ha visto obligada a informarse para sacar mejor provecho del sistema.
Lo que es inaceptable, es que la oposición, en especial la UDI, pretenda sacar dividendos políticos de esta situación, encontrando absolutamente todo malo, y negando la verdadera importancia que tiene este proyecto para la ciudad, y que el sistema antiguo de transporte estaba hace mucho tiempo colapsado. Pero esta conducta no le traerá dividendos a la oposición. Creo si que le traerá una baja de puntos importante al gobierno en la próxima encuesta que se haga. Pero esto es previsible, dado que a todos nos ha afectado en alguna manera este gran proyecto.
De vuelta a Santiago pude constatar personalmente como ha cambiado esta ciudad. La Alameda llena de micros la aprecié despejada como nunca, sin aglomeraciones en los paraderos, con gente más relajada y tranquila. Tomé el bus alimentador, y llegué al Metro. De vuelta utilicé el troncal, y no tuve ningún problema. Aunque debo reconocer que la prueba de fuego será marzo con el regreso a clases de miles de estudiantes y el metro ya está casi a plena capacidad en las horas de punta. Pero es gratificante que por fin tengamos una ciudad más amable para todos y menos contaminante.